Julieta
—No... no, Damián —gritaba entre lágrimas mientras lo veía abajo. El día comenzaba a aclararse y ahora podía distinguirlo. ¡Cuánto lo había extrañado! Entrecerré los ojos, forzando la vista para ver su rostro magnífico, esos ojos plateados que desde aquí brillaban. No necesitaba ninguna otra confirmación para saber que era él.
No sabía qué había pasado, si él había ido a la ciudad, si sabría de mí, pero estaba segura de que Ronan me sentiría. Escuchaba voces abajo; no entendía exactame