Julieta
—¿Así que han pasado… cosas entru tú y él? —Lo negó—. Siento el olor de mi hermano aquí, no me lo niegues Juli… —dijo ella, y obviamente vio que estaba la camisa de Damián en mi sofá.
Lamentablemente, tenía que reconocer que me sentaba ahí simplemente para oler el delicioso aroma del alfa. A veces colocaba la chaqueta alrededor de mi cuello mientras cocinaba, mientras veía televisión o leía. Por las noches recordaba ese beso, esos besos, y dormía abrazada a la tela. Me sentía como una d