Eva
No envidiaba a Alfa Damián ni un poquito. Yo había tenido mis adversidades, y vaya que fueron feas, pero de alguna manera me había acostumbrado a que las manadas de los lobos eran lugares bastante decentes. Pero Sombras de la Noche probaba lo contrario. Los miembros de la manada casi no salían de sus casas y no se acercaban a nosotros por nada del mundo. Algunos guerreros nos seguían, pero varios metros atrás, como si tuviéramos una extraña enfermedad.
—¿Sabes qué demonios sucedió aquí? Est