Nora
Pelaje enmarañado, fauces babeantes y ojos enrojecidos que destilaban odio. La conocía, aunque nunca la había enfrentado. Carnicero, el perro fiel del llamado Verdugo, el que hacía el trabajo sucio que nadie más se atrevía a hacer.
Los prisioneros liberados se agitaron con pánico. Darío retrocedió, temblando, aunque trataba de mantener la compostura.
—¡Corran! ¡Vayan ahora mismo! —ordené—. El camino hacia el rey está despejado; busquen a Paola, ella los ayudará. ¡Y si no, sigan hasta la ci