Ricardo
Había luchado, y cuando Damián empezó a golpearme una y otra vez, cuando esquivó y se defendió de mis ataques, lo supe dentro de mí: no podría con él. Quizás siempre lo supe, muy adentro. Era mi hermano mayor, pero había algo más. No podía ser que el hijo de una mate fuera más fuerte que el de unos mates destinados. Y, sin embargo, él era fuerte —más que lo que había sido mi padre.
Había caído en la pelea, pero, de algún modo, también había ganado. Había muchas formas de triunfar; eso e