Damian
—¿Tenemos noticias de la ciudad?
—Aún no. Solo que los Herejes hicieron una avanzada extraña, pero está siendo contenida. Fabrizio está allá y su ayuda no tiene precio. —contestó mi hermana.
—Gracias a la diosa —murmuré mientras caminábamos hacia la frontera de Sombras de la Noche. El traje de guerrero de la ciudad se cernía a mi cuerpo; era gris oscuro, y el sello en mi camiseta mostraba una luna erguida tras el perfil de los edificios. Éramos lobos, hijos de la luna, pero la ciudad era