El vestido cruzado de seda azul oscuro que había elegido a ciegas del perchero parecía haber sido confeccionado exactamente a su medida. La tela, suave y pesada, caía con una elegancia natural, abrazando sus curvas en los lugares correctos y cayendo suelta justo donde más lo necesitaba. Le sentaba demasiado bien; no iba a mentirse a sí misma, la prenda era bellísima y la hacía lucir deslumbrante. Sin embargo, ese mismo lujo era lo que le retorcía el estómago.
Se imaginó a sí misma bajando al pi