Sin embargo, Regina fue la única que tuvo el valor de acercarse. Rodó su silla de ruedas hasta interceptarla cerca de su cubículo, con los ojos muy abiertos.
—¡Guau! Está muy bonito tu vestido, Alisson —exclamó la pelirroja, escaneándola de arriba a abajo.
—Te lo agradezco —murmuró Alisson, sintiendo que las mejillas le ardían, deseando que la tierra se la tragara.
—La verdad no sabía que te gustaba este tipo de ropa tan sofisticada —continuó Regina, genuinamente asombrada, con una sonrisa—. Pe