El silencio en el pequeño departamento era tan denso que Alisson podía escuchar el latido desbocado de su propio corazón. Seguía sentada en la silla, con la respiración entrecortada, mientras Julian continuaba en cuclillas frente a ella, negándose a soltarle las manos.
—Alisson, háblame. ¿Qué es lo que te pasa? ¿Por qué te quedas callada? —insistió Julian, escudriñando su rostro pálido—. Creo que realmente está pasando algo y me estás preocupando demasiado.
El joven la miraba directamente a los