El resto del día se desvaneció en una agonía lenta y tortuosa. A medida que las horas avanzaban, el piso de diseño se fue vaciando. Noah fue el primero en despedirse con una sonrisa cautelosa, seguido por Miranda y finalmente por Regina, quien dudó un par de minutos frente al escritorio de Alisson antes de decidir que lo mejor era darle su espacio.
Para las siete de la noche, el murmullo constante de la agencia había sido reemplazado por el zumbido de los servidores y el tintineo solitario del