Lorenzo Santoro miró la fotografía entre sus dedos como si fuera un objeto maldito. La imagen de Alisson Harper, con su mirada decidida y esa elegancia natural que él siempre había considerado "arrogancia de clase media", lo golpeaba con la fuerza de un naufragio. Pero el orgullo de Lorenzo era una fortaleza difícil de derribar.
—No te creo —escupió Lorenzo, arrugando la foto en su puño—. Esto es un truco sucio. Has buscado a la mujer que está en el centro del escándalo de los Fitzwilliam para