El olor a cerveza rancia, cigarrillo y de pronto a algun limpiador, llenó las fosas nasales de Brenda. Tenía la mejilla aplastada contra la madera pegajosa de la barra del bar, sumida en un sopor inducido por el alcohol barato y las malas decisiones. El zumbido de la poca clientela era un ruido de fondo que apenas registraba, hasta que un dolor punzante y repentino en el cuero cabelludo la hizo soltar un chillido ahogado.
El tirón en su cabello fue brutal, obligándola a enderezar el cuello de