El suave murmullo de la exclusiva avenida contrastaba con el torbellino de emociones en el pecho de Alisson. Caminar del brazo de Mariola Fitzwilliam era una experiencia surrealista. La matriarca irradiaba una elegancia natural, pero a diferencia del frío acero de Massimiliano, en Mariola había una calidez genuina que Alisson, sin darse cuenta, anhelaba desesperadamente.
Después de recorrer un par de boutiques de diseñador, Mariola la guió hacia la terraza de un café privado, reservado solo par