Massimiliano rodeó el escritorio con una lentitud aterradora. Se inclinó hacia ella, su sombra cubriéndola por completo.
—Atrévete —amenazó él, con una voz tan baja y letal que Alessandra dio un paso atrás por instinto—. Atrévete a tocar un solo cabello de su reputación o a exponer su identidad, y sabrás de lo que soy capaz.
Alessandra, echando humos y con el rostro rojo de la rabia, dio media vuelta y salió de la oficina como un torbellino. Al cruzar el área del equipo, Regina y Noah se pegar