El viaje de regreso desde la colina estuvo envuelto en una neblina de emociones a flor de piel. Las confesiones habían dejado a ambos expuestos, vulnerables, y la tensión dentro de la cabina del todoterreno era tan densa que casi podía cortarse.
Antes de entrar a la autopista que los llevaría de vuelta a la ciudad, Massimiliano redujo la velocidad. Sin apartar la vista del camino oscurecido por la noche, rompió el silencio.
—¿Tienes hambre? —preguntó, con un tono mucho más suave del que Ali