A la mañana siguiente, la realidad del imperio Fitzwilliam llamó a la puerta. Massimiliano tuvo que salir temprano; el escándalo con los Santoro había provocado un sismo en la junta directiva y él necesitaba asegurar el control de la agencia antes de que los buitres financieros comenzaran a atacar.
Alisson se quedó sola en el inmenso penthouse. Se sentía como una intrusa en un palacio al que de alguna manera no pertenecía. Estaba terminando de desayunar cuando el zumbido del ascensor privado