A la mañana siguiente, ella despertó con un hambre voraz por el escándalo.
El sol apenas comenzaba a filtrarse por los inmensos ventanales del penthouse cuando Alisson, sentada en el sofá de la sala de estar con una taza de té intacta entre las manos, encendió la enorme pantalla plana de la pared. No había pegado un ojo en toda la noche.
Bastó con poner el canal principal de noticias de la farándula financiera para confirmar sus peores miedos. El incendio se había desatado.
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