La casa estaba sumida en un silencio espeso, de esos que parecen avisar que algo terrible acaba de suceder o está por ocurrir. Danna estaba arrodillada junto al armario, con el rostro húmedo por las lágrimas que se deslizaban sin permiso. Sus manos temblaban mientras acomodaba ropa en una maleta pequeña, como si cada prenda pesara el doble por la decisión que estaba tomando.
El eco de la puerta principal abriéndose la hizo encogerse.
Cada músculo de su espalda se tensó.
Tom entró arrastrando pa