Cuando la puerta se cerró, John volvió a mirar la pantalla de seguridad donde aún se veía el almacén vacío.
—Muy pocos entran aquí diciendo la verdad… —murmuró para sí mismo—. Pero tú, Danna… tú eres diferente.
Y por primera vez, admitió que ya no estaba observándola solo como empleada.
Sino como una pieza… que no esperaba encontrar.
La oficina quedó en silencio después de que Danna salió, dejando atrás únicamente el eco suave de sus pasos y el aroma ligero a jabón que siempre la acompañaba.
Jo