Caminé de regreso a la cabaña con las mejillas ardiendo y las piernas temblorosas. Vega iba un par de pasos por delante de mí, con la espalda recta y esa postura de piedra que ponía cuando quería fingir que nada lo conmovía. Pero el beso en el bosque y la forma en que sus manos me habían apretado contra el árbol seguían marcados a fuego en mi piel.
Entramos a la sala, Sofía tenía la laptop sobre la mesa, rodeada por cables y varios discos duros. Gael y Dexter —este último sentado con la espald