Si Vega creía que podía ignorarme y dejar que sus pirujas se burlaran de mí en mi cara, estaba muy equivocado. La rabia me estaba devorando por dentro, pero en lugar de quedarme acorralada, decidí pagarle con la misma moneda.
Me fijé en Marco. Desde que habíamos llegado, no disimulaba la forma en que me miraba cada vez que Vega no estaba cerca. Era coqueto, servicial y siempre buscaba cualquier excusa para entablar conversación conmigo. Si Vega quería jugar a hacerme a un lado, yo le iba a ens