Me hallaba utilizando toda la fuerza que tenía en mi interior para correr junto con Daemon. No importaba cuanta velocidad alcanzáramos, ellos eran muchos y estaban alcanzándonos. Daemon disparaba y me cubría las espaldas.
Estábamos bajando las escaleras.
—Sigue, ¡No mires atrás ni por un minuto! —Me gritó él, mientras me apartaba para que siguiera bajando las escaleras.
Obedecí. Él sabía disparar. Yo iba más rápido, bajando los escalones de lo que asemejaba ser casi el segundo piso, no quedaba