—Mamá… —la voz de Luke llegó a mis oídos, se oía como un quejido bastante divertido.
Me asomé un poco por la ventana para contemplarlo. Venía corriendo por la arena mientras los pies se le enterraban y estaba bastante bronceado por el sol. Siempre olvidaba llevar una toalla para secarse luego de nadar.
Salí con la toalla en las manos y lo cargué para envolverlo. Todavía podía levantarlo, aunque creció mucho. Su cabello rizado también estaba repleto de arena y se sacudió.
—¿Qué tal has nadado ho