Las palabras no eran una petición, eran una orden.
Althea se puso en pie con las piernas ligeramente temblorosas. Su corazón golpeaba con fuerza contra su pecho mientras se acercaba, acortando la distancia entre ellos. Sus manos dudaron por un segundo antes de levantarse y comenzar a desabrochar los cierres de su armadura. Uno a uno, retiró las capas exteriores, cuidadosa en cada movimiento.
Cuando sus dedos rozaron la piel de él por accidente, sintió su calor. Althea intentó mantener la vista