La puerta de la suite se cerró con un clic suave, pero el peso de la conversación anterior seguía flotando en el aire como humo denso.
Enma había declarado la guerra, y la amenaza de una denuncia por fraude, extorsión y retención ilegal pendía sobre ellos como una espada.
Sin embargo, en ese momento, dentro de las cuatro paredes de su habitación, Elliot y Daniela solo querían refugiarse el uno en el otro.
Elliot se quedó de pie junto a la cama, mirándola en silencio.
La furia fría que había