El caos comenzó antes de que el sol terminara de despuntar sobre el asfalto del aeropuerto Teterboro.
Tal como Elliot había orquestado, la "filtración" había funcionado con la precisión de un reloj suizo.
En cuanto el Cadillac negro se detuvo frente a la terminal privada, una ráfaga de flashes iluminó la penumbra de la mañana.
Daniela sintió que el corazón le daba un vuelco, pero antes de que pudiera entrar en pánico, la mano de Elliot se cerró sobre la suya.
Sus dedos se entrelazaron con un