Daniela se quedó inmóvil en el borde del sofá, con los muslos temblando violentamente y una humedad punzante recordándole que Elliot la había dejado a medias.
El sabor de él aún permanecía en su garganta, un recordatorio amargo de su capitulación.
Escuchó la puerta del baño cerrarse y el sonido del agua corriendo.
Él se estaba duchando, impasible y relajado, mientras ella ardía y todo su cuerpo continuaba tenso.
Se puso de pie con dificultad, sintiendo el escozor de los azotes en sus nalgas y