EMILIA
La habitación giró un poco. O tal vez solo fue el recuerdo que se estrelló contra mis sienes al escuchar su voz de nuevo. Era una enorme casualidad ver a Adam de nuevo.
El chico de la secundaria con el que había cursado los tres años. Era de esos encuentros en los que dejas de ver a alguien que conociste en la adolescencia y en la etapa adulta los vuelves a encontrar. Lo recordaba demasiado bien. Y por su mirada, él también a mí.
— Qué coincidencia —. Repitió él, con esa sonrisa educada