EMILIA
Decirle a Brandon que otro hombre haría mejor el trabajo que él, fue como encender la mecha de una dinamita en medio de una cámara de gas.
Me di la media vuelta y al dar dos pasos para irme de ahí y dejarlo con el ego herido, el hombre me tomó de la muñeca me jaló hacia él y me dio un beso inesperado, de esos que te roban el aliento y no piden permiso para invadirte.
Sentir sus labios fue algo con lo que había soñado, en el momento en el que me casé con él. El problema es que no fui co