EMILIA
Era un amor de verano en la adolescencia. Habían pasado doce años y yo solo tenía en mente a Brandon. Adam siempren fue aquel niño con el que perdí mi virginidad y nada más, en cambio mi esposo. . . A pel lo había admirado y amado desde el día uno en que se cruzó por en mi camino.
Miré a Adam en silencio. No porque no tuviera nada que decirle, sino porque las palabras correctas sabían esconderse cuando más las necesitaba.
— Fuiste real, Adam —. Dije al fin, con un tono sereno, pero firme