BRANDON
Seguíamos abrazados, cubiertos apenas por las sábanas arrugadas, con su espalda pegada a mi pecho y mi brazo rodeando su cintura como si aún necesitara asegurarme de que seguía ahí, conmigo.
El silencio entre nosotros ya no era incómodo. Era denso, como esa calma que solo llega cuando se acaba una tormenta, o cuando está a punto de empezar otra.
— Brandi, hay algo más que tienes que saber —. Me dijo interrumpiendo esa calma que habíamos creado.
— Espero que no sea que te quieres regresar