El sonido del helicóptero retumbaba en la distancia, una señal de que el tiempo se agotaba. Samer tomó la mano de Agatha con firmeza mientras ambos corrían hacia la parte trasera de la mansión. Los jardines ahora parecían un laberinto interminable, pero Samer los guiaba con seguridad, su conocimiento del terreno les daba una ventaja crucial.
—Hay un camino por el bosque, hacia el helipuerto —dijo Samer, sin dejar de avanzar. Su mirada estaba fija en el horizonte, siempre calculando, siempre un