Roma se alzaba majestuosa ante ellos, con sus edificios antiguos y calles adoquinadas que parecían susurrar historias de siglos pasados. Agatha no podía evitar una sensación de nostalgia y desasosiego al mismo tiempo. Era un lugar familiar y extraño a la vez, como un recuerdo olvidado que empieza a desvanecerse, pero que aún guarda su esencia.
Samer, siempre observador, notó el cambio en su expresión mientras caminaban por las estrechas calles. "¿Estás bien?", preguntó en voz baja, respetando e