El amanecer comenzaba a asomar, tiñendo el cielo de un tono rojizo que presagiaba una jornada llena de incertidumbre. Samer y Agatha se encontraban en el pequeño refugio, rodeados de documentos, mapas y pantallas que parpadeaban con información crucial. La operación estaba a punto de llegar a su punto culminante, y el peso de la decisión que tenían que tomar recaía sobre sus hombros.
Samer, con la vista fija en una de las pantallas, observaba detenidamente las coordenadas que habían obtenido. L