El aire parecía cargado de electricidad, como si el destino estuviera suspendido en el tiempo, esperando que tomaran una decisión. Samer observaba fijamente la pantalla de su teléfono móvil, las palabras del mensaje aún retumbando en su cabeza. Habían jugado un juego peligroso, pero ahora las reglas se habían alterado por completo. Ya no luchaban solo por una causa; ahora su supervivencia estaba en juego.
Agatha, con la mirada fija en él, entendió que ya no había tiempo que perder. Los ojos de