Samer avanzó con decisión, apuntando su arma directamente hacia el intruso. Su presencia llenó el sótano con una mezcla de furia y control calculado. Agatha, inmóvil, sentía su corazón golpear con fuerza en el pecho, dividida entre el alivio de verlo y el terror que aún la envolvía.
—Te di una orden, Agatha —dijo Samer sin apartar la vista del extraño, su tono firme pero cargado de preocupación—. ¿Por qué no te quedaste donde era seguro?
—Vi a alguien... No podía ignorarlo —balbuceó, sus palabr