La tensión en la casa de Samer era palpable. Después del incidente en el sótano, la seguridad se duplicó. Cada movimiento dentro y fuera del perímetro era monitoreado, y los guardias patrullaban en turnos estrictos. Aun así, Samer sabía que la amenaza no había desaparecido; solo se había escondido más profundamente en las sombras.
Khaled se sentó frente a Samer en su despacho, revisando un informe que acababa de recibir. Su expresión era grave.
—El intruso no dejó rastros claros —dijo Khaled, d