ALEENA:
—Buenos días.
Casi choqué con Dominic el lunes por la mañana. Eran las seis y cuarto y llevaba despierta desde poco antes de las cinco, apenas había podido dormir.
No lo había visto desde nuestro almuerzo extrañamente tenso del sábado y, aunque estaba segura de haberlo imaginado, juraría que sus ojos me recorrieron cuando no me daba cuenta, que se detuvieron en mi boca, en mis pechos… más abajo.
Cuando casi me caigo al intentar evitar el choque, sus manos se alzaron y me sujetaron los b