El Hammam Al Ándalus estaba cerrado al público.
Lorenzo había alquilado todo el complejo de baños árabes subterráneos para "nosotros". Una muestra de poder y romanticismo, diría la prensa. Una celda de vapor y azulejos, diría yo.
El aire estaba saturado de humedad y esencia de eucalipto. El sonido del agua cayendo en las piscinas termales resonaba contra las bóvedas de ladrillo, creando un eco constante, hipnótico y aislante.
Estábamos tumbados en camillas de masaje paralelas, cubiertos solo po