Capítulo 30

El sonido de un cuerpo golpeando madera maciza resonó hasta el pasillo.

No necesité que la secretaria aterrorizada me abriera la puerta. Sabía lo que estaba pasando.

Lorenzo Castillo había dejado de ser el CEO calculador y había vuelto a ser el animal callejero que construyó un imperio con sangre.

Abrí la puerta doble del despacho presidencial de una patada.

La escena era una pintura renacentista de violencia.

Alejandro estaba en el suelo, con el labio partido y la camisa desgarrada. Lorenzo es
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