La lealtad es algo curioso. Lorenzo Castillo creía que se compraba con herencias y miedo. Yo le demostré que se compraba con la destrucción sistemática del ego.
Alejandro ya no era el vicepresidente arrogante. Era mi sombra. Mi extensión. Mi perro fiel.
Durante la última semana, no había tenido que levantar un dedo para sabotear las operaciones del Grupo Castillo.
Alejandro lo hacía por mí. Con el celo de un converso, me traía rumores de pasillo, borradores de contratos y códigos de acceso.
Per