Rafael sonrió con suficiencia, su mirada recorriendo el rostro desafiante de Ari.
—¿Aún no lo entiendes, Omega? —preguntó con un tono de falsa sorpresa—. Estás aquí porque eres una Omega excepcional. Una Omega con un espíritu indomable, una rareza en estos tiempos.
Hizo una pausa, dejando que sus palabras resonaran en el salón.
—Mi manada necesita una Omega. Una que nos recuerde constantemente nuestro poder, nuestra fuerza. Y tú, Ari, tienes el potencial de ser esa Omega.—
Se acercó un p