El aire estaba cargado de tensión. La sala circular del consejo olía a madera quemada, cuero, y rabia contenida. Alfas de todas las ramas de la manada Lycan se habían reunido: ancianos, guerreros, líderes de escuadras. Todos con cicatrices. Todos con mirada aguda.
Ari respiró hondo. Sentía el peso de tantas miradas sobre ella… pero la mano de Rafael, cálida y firme, sostenía la suya.
—Estoy con vos —le susurró él al oído—. No tenés que hacerlo sola.
Ella asintió, pero dio un paso al frente