El aire estaba tenso, cargado de decisiones urgentes. Zacarías caminaba con pasos firmes junto a Rafael, revisando en su móvil los contactos de los líderes de las manadas más antiguas. Ari, con el rostro aún marcado por las emociones vividas, los alcanzó con decisión en la mirada.
—Voy con ustedes —dijo firme, deteniéndose frente a ellos.
Rafael frunció el ceño, preocupado.
—Ari, no tenés que exponerte más. Ya hiciste suficiente, hablaste, abriste heridas que muchos no podrían ni mencionar.
—Y