Rafael sintió cómo la ira le recorría las venas, ardiente y feroz. Su mandíbula se tensó mientras sus ojos se clavaban en Ari con una intensidad abrumadora.
—Dilo otra vez —exigió, su voz baja pero cargada de una furia contenida.
Ari sintió un escalofrío recorrer su espalda. Por un momento, pensó que él se burlaría, que usaría su dolor en su contra, pero lo que vio en su mirada no era burla ni menosprecio… era algo mucho más oscuro.
—Fui violada —susurró, sintiendo su garganta cerrarse.
El aire