El antiguo templo circular de piedra estaba lleno. Cada rincón ocupado por representantes de manadas de todo el país: tigres, osos, guapardos, zorros, panteras, lobos y más. El ambiente era denso, cargado de tensión, pero también de expectativa. Todos habían sido convocados por una razón que aún no comprendían del todo.
Ares, el imponente líder de la manada Lycan, de cabello gris oscuro y mirada de acero, dio un paso al frente.
—Hoy no vengo como líder Lycan. Vengo como testigo de una verdad