Capítulo 10.5: Luna creciente.
Y sin más, ambos se enredaron en el cuerpo del otro, cubriéndose únicamente con aquel intenso amor que los había envuelto desde el primer día.
―Eres mía, pequeña alfa ―gruñó Dante, quien, con suavidad, comenzó a invadir el interior de su compañera
―Dante ―jadeó Anna al sentir como, con suaves movimientos, su eterno compañero comenzaba a poseerla
Para ambos, justo en aquel momento, el tiempo a su alrededor se congeló.
El trinar de las aves, el ruido del agua cayendo de aquella hermosa cascada, i