Capítulo 10.4: Te necesito.

Ante sus palabras, Anna sonrió y continuó devorando su emparedado, el cual no tardó en desaparecer al igual que el de Dante, quien no perdió el tiempo y sugirió probar las delicias de fresa.

Deseosa por hacerlo, Anna accedió, sin embargo, lejos de solo probarlas, la joven loba acabó con todas.

―Menos mal que compramos los chocolates ―gruñó Dante antes de meterse uno a la boca

―No me culpes, amo los dulces de Melba ―dijo Anna comiéndose la última fresa

―Lo sabía, lo que no sabía era que amabas m
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