113. FIN. PARTE 1.
Verónica besa a Alexander con una pasión profunda, y su boca magullada sabe a sal y a la verdad más pura.
Él detiene su torrente de palabras, y la única conversación ahora es el lenguaje urgente de sus labios y sus cuerpos que se encuentran.
Ella se separa solo un poco de él, sus frentes se tocan en el umbral de su puerta, con el corazón latiéndole sin control.
—Te amo, Alexander. No importa lo idiota que fuiste, no puedo dejarte ir, no quiero hacerlo de ninguna manera —ella susurra con una