Zhanna inconsciente.
El médico líder de las investigaciones llevó consigo una jeringuilla plateada y se la mostró a Reiden.
—Esto es lo más cerca que hemos conseguido para un antídoto contra la toxina. Si la pongo en tu sangre, quizás le sirva a ella.
—¡Póngamela! —exigió Reiden sin pensarlo.
—Pero debes entender que tú no estás herido. El antídoto podrá dañarte, y no se lo puedo poner a ella porque sigue siendo una humana común. Tengo la esperanza de que, si el antídoto está en tu sangre…
—¡Adminístramelo de una v